Me levanté temprano a la mañana. Costó. Había puesto el despertador como media hora antes, para poder hacer fiaca. Siempre hago eso. Necesito que el pasaje del estado de sueño a no-sueño sea gradual, para que el choque no me resulte tan grande. Ufa, no quiero ir a trabajar…
Como si me leyera el pensamiento, el gato me anima con sus lenguetazos. Arriba, arriba.
Levanto la persiana y miro por la ventana. Mis ojos, acostumbrados a la oscuridad que reinaba en mi habitación minutos antes, se entrecierran un poco. También debe ser un poco porque sigo dormida y con sueño. Hay sol y unas pocas nubes decoran el cielo; el otoño asoma tímidamente. Eso me pone contenta… extrañaba el fresquito de las mañanas, ponerme una camperita para salir, pañuelo alrededor del cuello.
